Hoy de almuerzo una cajetilla roja de 20.
Ayer nada, sólo un temblor en las manos y la vista nublada.
He prendido otro de postre mientras suena el disco de la banda que no vimos en vivo,
pero igual lo pasamos bien mirando el techo ese día.
Entre que soy el mismo de antes o el de siempre; Entre tus piernas estaba mejor.
No existe momento más inspirador que la mañana siguiente del saber que ahora tus labios besarán otros, ni momento más triste que el saber aún se está vivo para verlo.
Aún pese a todo lo anterior la vida te obliga a tener ánimos para seguir en pié y perpetuar su trampa, como si ese algo se alimentara del dolor, como si los dioses te sacasen de las aguas frías para brindarte un tierno abrazo en recompensa por jugar nuevamente bajo sus reglas, la única: Amor.
Recorro con la vista cada uno de los ladrillos y miro constantemente un reloj que marca la misma hora de siempre.
Sí, este juego está dominado por el reloj, esa es la representación material del dios de este mundo.
A veces parece infinito, lento y en los mejores momentos ya cruzaste varias veces el umbral de las 12; Cronos siendo torturado entregando de todos modos su compasión al hacerte ver que este momento será sólo pasajero.
Esto jamás será lo mejor que he escrito, pero al menos es algo que quizás podré volver a recordar en un nuevo momento de infortunio o de alegría.
Entonces está el cuadro del barco a la deriva, ahí soy el grumete.
jueves, 6 de octubre de 2016
miércoles, 5 de octubre de 2016
Chinaski? no, Héctor.
Es muy difícil comenzar nuevamente a escribir después de años sin hacerlo,
pero al parecer luego de ese gran receso ha vuelto una inspiración nueva
(incluso parece ser esta una vida nueva)
Ha salido en mi memoria los días tristes del Diciembre en el que la conocí,
La primera vez que la vi, pero la primera palabra que cruzamos no la recuerdo.
Quizás fue un: "Estay aburrido?".
Cada momento de esa primera vez fue algo extraño, pero extraño en el sentido agradable.
SORPRENDENTE.
Ese mismo día conocí al gran amigo Javier, un tipo que se hace querer siempre bajo sus primeras impresiones.
Sorprendente fue estar ambos bajo el mismo abrigo luego de una noche de Cocaína y
una deuda que nunca pagaré en el bandejón.
Sorprendente fue en un momento rosar su mano y sentirla conocida.
Pareciese que ya habían estado juntas alguna vez en el eterno retorno, en la perdida constante.
Sus palabras eran encantadoras, me hacía saber de algún modo todo lo que yo quería saber,
decía todo lo que yo quería escuchar incluso aunque no fuese del todo cierto.
Al despedirnos esa primera noche, que ya se había transformado en un día laboral a las 7 u 8 de la mañana
volvió una sensación extraña, el recordar que esos ojos ya existían en un recuerdo primigenio.
Tal y como en la antigua leyenda ella mostró un recuerdo de los días eternos:
En el momento de la transacción del fiado ella me hizo ver su orejita, del mismo modo como la debo haber visto antes,
del mismo modo del que me debo haber flechado por primera vez.
Transcurrieron los días, mi cruz estaba cargada de tormentos, había perdido a quién había sido muy importante para mi,
por coincidencia el mismo día en que la vi por primera vez.
Este pesar era sostenido, pero el hablar con ella hacía pasar todo ese drama wagneriano a segundo plano,
al borde de eliminarlo.
Fuí de viaje a ver a mi gran camarada, mi primo, quien es para mi una figura ideal.
En el se encarnan los grandes valores que nunca he de olvidar, el gran amor al destino,
el gran amor por vaya a saber uno qué.
Pensaba que esos días serían un bálsamo al dolor constante y agudo, me embarqué luego de 2 días sin dormir,
2 días en los cuales la paranoia me tenía bajo sus redes, 2 días donde la cocaína y sus demonios me habían vencido.
Al llegar, por cosas del destino, esa racha se alargó y causó una crisis.
-Hermano, no aguanto más... Me quiero devolver, mi destino está en el sur pero no por el momento.
La ternura de mi amado aliado y sus técnicas con expertís en psicología me hicieron tolerar y sobrellevar el dolor.
Describo todo lo anterior porque en esa estadía recurrentemente viajamos en el auto y abusó de buena manera
del mismo disco y una de las canciones del disco se me quedó pegadísima.
-Eso es lo mío, weón... Ver puestas de sol (pensé en voz alta sin respuesta y con una sensación desconocida nuevamente)
Llegó la despedida luego de 2 semanas, fumábamos los últimos cogollos perfumados bajo los arboles de la universidad de conce.
Gonzalo se veía triste, como rara vez suele demostrarse, quizás nostálgico pero a su vez esperanzado:
"Vuelve bien a Santiago y no sigas con el autosabotaje, deja la cocaína".
Ya en santiago volví a la que era mi casa en Maipú, creo que era un domingo cerca de las 5 de la tarde.
Los Domingos son días que siempre he sentido muy tristes y sólo más tarde lo descubriría
La casa estaba sola, se sentía fría e inhóspita. Sin nada que comer y con mis ultimas lucas me compré una pilsen,
la acompañé de una cajetilla roja de 20 y el tracklist que había sonado en esas buenas 2 semanas.
Puse esa canción y me di cuenta que las coincidencias tocaban la puerta otra vez.
Lo recuerdo hoy, después de mucho tiempo... Sí, hablé con ella ese día.
Lo ocurrido luego fue sumamente intrascendental en lo que seguramente será mi vida posterior, pero si fue clave para
el desarrollo de nuestra historia.
Volví un poco a ser el de antes, como dice ese meme weón del culiao de Kangri y Dash.
Volví a cometer los errores de siempre: Cocaína y sexo casual.
Intrascendente es con quién estuve, trascendente y por lo cual lo escribo fue porque gracias a ese momento
logré acercarme a ella, siempre sin quererlo, siempre por un impulso de comodidad.
"Me caís bien" le dije un día, creo que el mismo que tenía una pena inmensa.
Ese mismo día me fui a borrar en cerveza y tragos al bar de rené.
Luego cuando nos empezamos a juntar no bastaron más de 2 o 3 salidas con amigos para que sin razón alguna
empezáramos a salir solos: "Oye, fumemonos un pitito?"
Eran invitaciones mutuas al parque bustamante por las tardes que siempre se convertían en noche riéndonos y hablando.
Creo que nunca me di cuenta hasta ahora o quizás siempre lo negué en mi consciente, pero el día que me prendó
fue el que nos juntamos en la pileta y estaba con unos hippies que tocaban tambores; Ese día la sentí más cerca que nunca.
La segunda vez que más recuerdo es el día que fuimos a fumar a Santa Lucía.
-Qué estay haciendo?
-Estoy tomando una foto para que nunca se te olvide que estuvimos aquí, ahora.
Creo que en ese momento la debí besar, pero ya había tomado una decisión: No estaría con nadie más, debía ser monje.
Esa decisión recorre mi cabeza el día de hoy, pero ya es imposible.
Ese mismo día le dije que la invitaría en algún momento al teatro municipal, pero al parecer no tuve mucha credibilidad.
-Te tengo una sorpresa.
La Gioconda.
La situación era perfecta, se veía radiante, más hermosa de lo de costumbre... Claro, la excusa era por ir al teatro.
Lo que pasó esa noche es lo que hoy me hace escribir esto antes de bajar en la combinación del metro vicente valdés:
Ese día me di cuenta de algo que sólo hoy vengo a entender: me había reencontrado con La Reina de Saba.
Te amo.
pero al parecer luego de ese gran receso ha vuelto una inspiración nueva
(incluso parece ser esta una vida nueva)
Ha salido en mi memoria los días tristes del Diciembre en el que la conocí,
La primera vez que la vi, pero la primera palabra que cruzamos no la recuerdo.
Quizás fue un: "Estay aburrido?".
Cada momento de esa primera vez fue algo extraño, pero extraño en el sentido agradable.
SORPRENDENTE.
Ese mismo día conocí al gran amigo Javier, un tipo que se hace querer siempre bajo sus primeras impresiones.
Sorprendente fue estar ambos bajo el mismo abrigo luego de una noche de Cocaína y
una deuda que nunca pagaré en el bandejón.
Sorprendente fue en un momento rosar su mano y sentirla conocida.
Pareciese que ya habían estado juntas alguna vez en el eterno retorno, en la perdida constante.
Sus palabras eran encantadoras, me hacía saber de algún modo todo lo que yo quería saber,
decía todo lo que yo quería escuchar incluso aunque no fuese del todo cierto.
Al despedirnos esa primera noche, que ya se había transformado en un día laboral a las 7 u 8 de la mañana
volvió una sensación extraña, el recordar que esos ojos ya existían en un recuerdo primigenio.
Tal y como en la antigua leyenda ella mostró un recuerdo de los días eternos:
En el momento de la transacción del fiado ella me hizo ver su orejita, del mismo modo como la debo haber visto antes,
del mismo modo del que me debo haber flechado por primera vez.
Transcurrieron los días, mi cruz estaba cargada de tormentos, había perdido a quién había sido muy importante para mi,
por coincidencia el mismo día en que la vi por primera vez.
Este pesar era sostenido, pero el hablar con ella hacía pasar todo ese drama wagneriano a segundo plano,
al borde de eliminarlo.
Fuí de viaje a ver a mi gran camarada, mi primo, quien es para mi una figura ideal.
En el se encarnan los grandes valores que nunca he de olvidar, el gran amor al destino,
el gran amor por vaya a saber uno qué.
Pensaba que esos días serían un bálsamo al dolor constante y agudo, me embarqué luego de 2 días sin dormir,
2 días en los cuales la paranoia me tenía bajo sus redes, 2 días donde la cocaína y sus demonios me habían vencido.
Al llegar, por cosas del destino, esa racha se alargó y causó una crisis.
-Hermano, no aguanto más... Me quiero devolver, mi destino está en el sur pero no por el momento.
La ternura de mi amado aliado y sus técnicas con expertís en psicología me hicieron tolerar y sobrellevar el dolor.
Describo todo lo anterior porque en esa estadía recurrentemente viajamos en el auto y abusó de buena manera
del mismo disco y una de las canciones del disco se me quedó pegadísima.
-Eso es lo mío, weón... Ver puestas de sol (pensé en voz alta sin respuesta y con una sensación desconocida nuevamente)
Llegó la despedida luego de 2 semanas, fumábamos los últimos cogollos perfumados bajo los arboles de la universidad de conce.
Gonzalo se veía triste, como rara vez suele demostrarse, quizás nostálgico pero a su vez esperanzado:
"Vuelve bien a Santiago y no sigas con el autosabotaje, deja la cocaína".
Ya en santiago volví a la que era mi casa en Maipú, creo que era un domingo cerca de las 5 de la tarde.
Los Domingos son días que siempre he sentido muy tristes y sólo más tarde lo descubriría
La casa estaba sola, se sentía fría e inhóspita. Sin nada que comer y con mis ultimas lucas me compré una pilsen,
la acompañé de una cajetilla roja de 20 y el tracklist que había sonado en esas buenas 2 semanas.
Puse esa canción y me di cuenta que las coincidencias tocaban la puerta otra vez.
Lo recuerdo hoy, después de mucho tiempo... Sí, hablé con ella ese día.
Lo ocurrido luego fue sumamente intrascendental en lo que seguramente será mi vida posterior, pero si fue clave para
el desarrollo de nuestra historia.
Volví un poco a ser el de antes, como dice ese meme weón del culiao de Kangri y Dash.
Volví a cometer los errores de siempre: Cocaína y sexo casual.
Intrascendente es con quién estuve, trascendente y por lo cual lo escribo fue porque gracias a ese momento
logré acercarme a ella, siempre sin quererlo, siempre por un impulso de comodidad.
"Me caís bien" le dije un día, creo que el mismo que tenía una pena inmensa.
Ese mismo día me fui a borrar en cerveza y tragos al bar de rené.
Luego cuando nos empezamos a juntar no bastaron más de 2 o 3 salidas con amigos para que sin razón alguna
empezáramos a salir solos: "Oye, fumemonos un pitito?"
Eran invitaciones mutuas al parque bustamante por las tardes que siempre se convertían en noche riéndonos y hablando.
Creo que nunca me di cuenta hasta ahora o quizás siempre lo negué en mi consciente, pero el día que me prendó
fue el que nos juntamos en la pileta y estaba con unos hippies que tocaban tambores; Ese día la sentí más cerca que nunca.
La segunda vez que más recuerdo es el día que fuimos a fumar a Santa Lucía.
-Qué estay haciendo?
-Estoy tomando una foto para que nunca se te olvide que estuvimos aquí, ahora.
Creo que en ese momento la debí besar, pero ya había tomado una decisión: No estaría con nadie más, debía ser monje.
Esa decisión recorre mi cabeza el día de hoy, pero ya es imposible.
Ese mismo día le dije que la invitaría en algún momento al teatro municipal, pero al parecer no tuve mucha credibilidad.
-Te tengo una sorpresa.
La Gioconda.
La situación era perfecta, se veía radiante, más hermosa de lo de costumbre... Claro, la excusa era por ir al teatro.
Lo que pasó esa noche es lo que hoy me hace escribir esto antes de bajar en la combinación del metro vicente valdés:
Ese día me di cuenta de algo que sólo hoy vengo a entender: me había reencontrado con La Reina de Saba.
Te amo.
domingo, 8 de diciembre de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Agallas
Amar es parte de nuestra esencia divina, creadora, que busca elevarse a ese sector adimencional al cual pertenecemos.
En esta búsqueda constante, algunos desarrollan el amor por la vida, lo que entendemos como un paso a la ascensión final de nuestra psyke. Esto llevará, siempre, al amante a entregar su vida en los brazos de la muerte como una obra maestra, perfecta.
Suicidio, el momento en que verdad y belleza se unen.
martes, 25 de junio de 2013
Extrañar es una maldición cuando se trata de ti
¿Cómo empezar, para no sonar frío?
Quizás con un "Hola, te extraño mucho".
Siento la angustia de perder tu mirada profunda,
de asesino, de verdugo, de confundida, de sinceridad.
Es por eso que hoy me animo a escribir estas miseras palabras,
que pueden parecer mezquinas frente a mi real intensión,
"conseguir la muerte de la eternidad", para que así nuestro amor no tenga
frontera alguna.
No quiero confundirte con palabrerías, pero si tan sólo pudiese
hacerte saber de alguna forma todo lo que he pasado,
el tiempo que nos han hecho perder, y en especial
toda la falta que me has hecho.
No soy yo quién pueda decretar nuestro fortunio,
pero si de mi dependiera, te tendría a mi lado.
Quizás tu cabello está más largo,
tu sonrisa más brillante,
tus manos más suaves,
tu voz...
¡Oh, qué hermoso recordar tu voz diciendo que me amas!
Yo sé que tu madre me odia, pero lo entiendo.
Siempre las madres de los grandes amantes han intentado separarlos,
casi siempre, en vano.
Es inevitable, al igual que la carrera suicida que corre este mundo.
Nuestro amor no tiene tiempo, porque somos lo mismo.
No me perteneces, sino más bien, nos pertenecemos y merecemos.
Si yo muriese, un riesgo inherente en esta vida que adopté, sin poder
decir estas palabras, para que así tus oídos puedan abrazar estas
palabras enarboladas a la nada, aprovecharé la ocasión para decir
lo único que debes entender de todo esto:
Te amo, hija.
Quizás con un "Hola, te extraño mucho".
Siento la angustia de perder tu mirada profunda,
de asesino, de verdugo, de confundida, de sinceridad.
Es por eso que hoy me animo a escribir estas miseras palabras,
que pueden parecer mezquinas frente a mi real intensión,
"conseguir la muerte de la eternidad", para que así nuestro amor no tenga
frontera alguna.
No quiero confundirte con palabrerías, pero si tan sólo pudiese
hacerte saber de alguna forma todo lo que he pasado,
el tiempo que nos han hecho perder, y en especial
toda la falta que me has hecho.
No soy yo quién pueda decretar nuestro fortunio,
pero si de mi dependiera, te tendría a mi lado.
Quizás tu cabello está más largo,
tu sonrisa más brillante,
tus manos más suaves,
tu voz...
¡Oh, qué hermoso recordar tu voz diciendo que me amas!
Yo sé que tu madre me odia, pero lo entiendo.
Siempre las madres de los grandes amantes han intentado separarlos,
casi siempre, en vano.
Es inevitable, al igual que la carrera suicida que corre este mundo.
Nuestro amor no tiene tiempo, porque somos lo mismo.
No me perteneces, sino más bien, nos pertenecemos y merecemos.
Si yo muriese, un riesgo inherente en esta vida que adopté, sin poder
decir estas palabras, para que así tus oídos puedan abrazar estas
palabras enarboladas a la nada, aprovecharé la ocasión para decir
lo único que debes entender de todo esto:
Te amo, hija.
sábado, 8 de junio de 2013
Ideas liquidas
¿Es acaso exigencia de esta época mal amar?
Demasiada gente linda, con ropa hermosa, dientes blancos, buenos trabajos, buena familia, pero con mentes horribles e ideas pobres.
Detesto a ese tipo de gente, que a la larga es la misma que agradece "la vida que le tocó"; Trabajadores de sueldo mínimo que agradecen su miseria, como si les fuese correspondida, como si no mereciesen nada más.
Es por esto que odio a la gente, más de lo que ellos me odian.
Mi odio es perfecto.
jueves, 11 de abril de 2013
El pingüino contra el perro
Ahí estaba él, parado frente al caos, con su mente nublada, puños rugientes, pantalón gris y camisa blanca. Frente a su verborrea estaba el silencio con su vista estrábica, esperando el instante apropiado para cortar el aire.
Pasaron 5 ó 6 palabras, no más que eso, cuando de pronto, el Muhammad Ali, estiró su mano. Esa hermosa mano empuñada que otrora le proporcionó fracasos académicos, ahora se convertía en el espectáculo más alucinante que jamás vi en Av. República.
El fanfarrón cayó al suelo, knock out, pero se paró en unos segundos. Bañado en sangre, con dos vertientes que llegaban hasta su insolente boca, enajenado por la euforia y sin entender que había perdido, gritó nuevamente, e intentó volver a luchar frente a uno de los mejores que he visto en mi puta vida, el más delicado, el retador más honorable, un joven gentleman que parecía extraído de la belle epoque, como si los adoquines decimonónicos fuesen sus contemporáneos, único en su especie.
Desde la vereda contraria, el púgil, acomodaba su miserable mochila sobre sus hombros, dejando caer los tirantes con delicadeza y sin tomar en cuenta la suspicacia de su oponente abatido, tomó la micro a su casa, mientras el resto de la multitud no entendía su actitud pulcra y novelesca.
Luego de aquel hermoso acto de caballerosidad, terminé de comprender algo esencial: es mejor dejar las cosas cuando vas ganando.
Pasaron 5 ó 6 palabras, no más que eso, cuando de pronto, el Muhammad Ali, estiró su mano. Esa hermosa mano empuñada que otrora le proporcionó fracasos académicos, ahora se convertía en el espectáculo más alucinante que jamás vi en Av. República.
El fanfarrón cayó al suelo, knock out, pero se paró en unos segundos. Bañado en sangre, con dos vertientes que llegaban hasta su insolente boca, enajenado por la euforia y sin entender que había perdido, gritó nuevamente, e intentó volver a luchar frente a uno de los mejores que he visto en mi puta vida, el más delicado, el retador más honorable, un joven gentleman que parecía extraído de la belle epoque, como si los adoquines decimonónicos fuesen sus contemporáneos, único en su especie.
Desde la vereda contraria, el púgil, acomodaba su miserable mochila sobre sus hombros, dejando caer los tirantes con delicadeza y sin tomar en cuenta la suspicacia de su oponente abatido, tomó la micro a su casa, mientras el resto de la multitud no entendía su actitud pulcra y novelesca.
Luego de aquel hermoso acto de caballerosidad, terminé de comprender algo esencial: es mejor dejar las cosas cuando vas ganando.
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